domingo, 22 de abril de 2012

Lejos

Un puente invisible. 
Un gran océano. 
Mi conciencia. 


Mis zapatos... Desgastados. Tienen la boca cansada de gritar. 
Gritar en nuestras ausencias. 
Mis manos están agotadas de escribir. Repetir. Repetir y repetir. 
Los colores de mis noches no son los mismos desde que decidiste partir. Y entonces mi cama no encuentra piedad. Piedad en los cuerpos que ahora la visitan, y llora... Y eso es tristeza.


Tristeza plasmada en mis ojos. 
Ojos marchitos, sin agua.
Agua y distancia que hay entre tu y yo... 
Impidiendo ser uno solo. 
Difícil amor. 
Amor mío y añorado. 
Bendito. 
Tuyo y mío.

martes, 17 de abril de 2012

¿Dolor?

Me pinto la cara de rojo, para distinguirme entre la multitud. Rostro rojo, de ira, de tristeza.

Mis pantalones verdes, porque ya nadie viste pantalones verdes. Piernas verdes, dispuestas, cansadas de mi.

Guantes amarillos, para tocar con alegría el viento aunque mis zapatos sean negros, del luto infinito que ha dejado tu cuerpo entre mis sábanas.

Y voy por el sendero que tiene mi color favorito, el sendero que me lleva entre dientes y me regaña, sendero que no es ni negro ni azul, sendero tuyo queriendo que sea mío también.

Voy con mi cabello castaño hasta tus sueños, brincando de árbol en árbol sin pisar ni arruinar nada, sin despertar los ejércitos que ya te cuidan...

Porque quiero llegar sin que lo notes. Darte una sorpresa de muchos colores.

De mi.

Como. Cuando. Donde.


A lo pocos días de caer en el desespero me quité los zapatos para ponerme cómoda... Busqué mi almohada favorita, mi libreta y un lápiz con la punta bien fina. No para escribir más... Para que tu nombre no estuviese tan pronunciado, inolvidable en mis páginas, tan rebelde ante mis labios.

Me senté a crear y me hice sentir.
Subastando el tiempo para quedarme sin nada, malgastando los segundos que suspiraba y quemando las manos que querían escribirte.

Entonces dejé la libreta, agarré una guitarra y comencé a cantar...
Cantando de tus besos y alabando tus caricias me quise vengar y una cuerda se rompió.
Dejé de cantar... Y me aferré.

Toqué mis pies y apreté mis ojos. El tiempo seguía corriendo. -no quiero saber-
Exploté y comencé a crearte. A llamarte por tu nombre. A extrañarte más de la cuenta. A amarte sin cordura. Extremadamente a pensarte cuidando mis ojos para encontrarte por si vuelves a perderte.

Si de casualidad ya no quisieras contemplar más.

jueves, 5 de abril de 2012

lunes, 5 de marzo de 2012

Amigo

Tu vas tejiendo las frases,
los verbos y las palabras,
con maestría notable
desde el fondo del alma...

martes, 28 de febrero de 2012

Simple

A simple vista.
Como esas sombras que de pronto te asustan.
¿Cómo explicarte con palabras simples lo que he prometido?
Lo que quiero explicar es sencillo. Como esos besos lanzados que a simple vista no van a ningún lado.
Pero somos tercos. Y seguimos con ilusiones, creyendo que esos besos llegan a nuestras bocas para volver a respirar.
Yo vuelvo a respirar cada vez que veo tus palabras correr hasta mis oídos con la ilusión en mis ojos.
Porque no hay cosa más hermosa que esta.
No hay cosa más loca que esta. Ver tu halo llegando a mis ojos.
No hay palabras más sinceras que estas declarando mi amor por ti... Nuevamente.



Roysa Socorro

martes, 14 de febrero de 2012

Fugaz

Cerré mis ojos sintiendo la gravedad.

Y me imaginaba como se podía separar mi alma de mi cuerpo.
Fue algo muy visual en ese entonces.
Recordé las cartas vacías, el llanto, los desvelos, todo revuelto como un huracán.

Entonces supe que tenía sueños caídos, cerraba muy fuerte mis manos con ganas de drenar las ansiedades mientras tenía los ojos cerrados, pero no tuve éxito. Nada pasaba. Un desespero me invadía como ola de frío, aturdida, con unas ganas de llorar impacientes por salir corriendo. Ni hablar del nudo en mi garganta. Me incomodaban las gotas de sudor que bajaban por mi nuca abriendo camino por toda mi espalda, queriendo libertad ante la presencia de tan sofocantes recuerdos.

Todo lo que había comido en la mañana se habría desvanecido junto con mi tranquilidad, no existía tal momento feliz, sólo quería llegar, soltar la carga, respirar aire puro, desconectarme de tantas intensiones malas, solo entenderme con otro mundo.

Otro mundo. Suena fácil.




Cuando subí a ese ascensor no sabía que gastaría media vida pensando en las desdichas, pero así fue. Mis ganas porque esas puertas se abrieran eran descomunales, podría aceptar cualquier reto bajo esa presión. Adrenalina.

El ascensor se detuvo dejándome paso libre, abrí mis ojos, y con la mirada en el suelo pude apreciar aquellos zapatos que usabas de lunes a domingo y que podía reconocer a kilómetros, se me escapó una gota de sudor por la punta de mi nariz, en pánico y estupefacta, subí la mirada, lentamente, como hacen en las películas... Mientras me liberaba de tal castigo, veía esas manos acercarse a mi rostro mientras que tu olor llenaba cada uno de mis poros.

Mis mejillas dejaron correr unas cuantas lágrimas mientras me acostumbraba a tus manos heladas. Soltando un suspiro te miré. Miré tus labios, tus ganas, tus sentimientos y me posé en tu mirada... ¡Sí! Te observaba.

Entonces ahí se detuvo el mundo... O al menos eso deseaba. Y fui libre, fui mujer, fui satisfecha, fui un instante, fui el tiempo perdido, fui la distancia inmensa, fui tu pasado, fui los labios rotos que no tuvieron más remedio, fui miedo, fui desdicha, pero entonces fui libre dentro de tu mundo, y yo quería libertad.

Inmortalizando el momento, te besé. Te besé con el miedo adolescente del beso primero. Perfecto. Ahí se articulaban todas las palabras que justificaban tanta ausencia.

Mientras drenaba mis miedos, ansiedades y frustraciones, una música de fondo me distraía de los sentimientos que yo tenía entre los dedos. Y fui fuerte al no querer apartarme de tus labios, pues era la fuente de mi inspiración.

Inutilmente te di las últimas caricias.
El último Adiós.

Entonces volví a mis frustraciones cuando supe que era un sueño.